“LAS MISMAS PERSONAS QUE HABLABAN DE CUIDADOS, HOY HABLAN DE SEGURIDAD"
En Las otras, su último libro, la escritora chilena examina la disputa por el lenguaje, la restauración conservadora y el rol del feminismo como imaginación política.
x Florencia Rioseco Retamal
Aunque la autora chilena, ganadora del premio Fémina Etranger por Limpia (2022), revisa cuidadosamente algunos de los acontecimientos contemporáneos como las olas feministas, la pandemia y el auge de la ultraderecha, no se detiene en su naturaleza histórica. Su foco principal está en la cualidad impetuosa y detonante del lenguaje para narrar el presente.
Es en ese terreno donde aparecen palabras como patriotas, seguridad o zanja, conceptos que la escritora chilena palestina Alia Trabucco reconoce en el lenguaje del presidente José Antonio Kast. Palabras que no dominaban el léxico político o social del país en el 2018 –aún menos en 2019– y que hoy abundan en las bocas de las figuras políticas de derecha a nivel internacional, donde Chile no es excepción.
“El lenguaje de Kast es idéntico al de las ultraderechas del resto del mundo (…). No ha llegado aún a hacer lo que hizo Milei y Trump –prohibir el lenguaje inclusivo y prohibir también una serie de otros términos que al parecer consideran peligrosos, como “raza”, “mujeres”, “clima”, “aborto”– pero su discurso borra, oblitera, niega y omite realidades y sujetos”.
Citas al filólogo alemán Victor Klemperer para explicar que durante el nazismo, sus adversarios ocupaban el mismo lenguaje. ¿Crees que en el último período político de Chile el progresismo ha hecho algo similar?
“Durante el primer proceso constituyente hubo un intento que no se veía hace décadas no solo por disputar el lenguaje imperante sino por instalar otro lenguaje para nombrar futuros posibles”.
“Hubo ahí conceptos como la interdependencia entre el ser humano y su entorno, los cuidados, los derechos sociales como derechos, la idea de recuperación ecológica, la des-mercantilización del agua, entre tantos, con los que se intentaba plasmar proyecto, es decir, un futuro.
La derrota electoral fue aplastante, claro que sí, pero la derrota mayor vino después: cuando algunos de los protagonistas políticos de ese proceso renunciaron a las palabras que nombraban ese otro futuro. Ahí, a mi parecer, hubo un plegarse de manera acrítica al campo discursivo del adversario y, de pronto, las mismas personas que hablaban de interdependencia o cuidados, pasaron a hablar de seguridad y poco más que eso”.
Ph x Camila Álamo (@mila.belen_).
LA JUSTICIA, LA IMAGINACIÓN Y EL FEMINISMO DE ALIA
En 2016, una mujer musulmana llamada Siam descansaba en una playa del sur de Francia. A su alrededor, cientos de ciudadanos hacían lo mismo que ella: disfrutar del sol sobre la arena mientras miraban el mar. Siam fue la única de todos ellos que recibió una multa y fue forzada a quitarse el velo por considerarse un distintivo religioso. Ese mismo año, meses antes, se había dictado en Francia una ordenanza que prohibía el uso de ese tipo de símbolos en el espacio público.
Una norma en desuso que en la actualidad podría haber implicado a las asistentes al concierto de la gira LUX de Rosalía, en Lyon, recibieran sanciones administrativas por sus outfits ad hoc al concepto religioso del álbum. Ordenanza, explica Alia, que significaría que incluso se multara a las monjas por usar hábito. Pero en los hechos, agrega: “esta medida iba dirigida a mujeres musulmanas”.
Ph x Camila Álamo (@mila.belen_).
Frente a la discriminación, la autora sitúa una pregunta central: “¿Puede la imaginación reemplazar a la justicia?”. Y volverá a ese punto, a lo largo del libro una y otra vez, especialmente para referirse a los feminismos.“Imaginar ha sido siempre la primera transgresión del feminismo”, dice más tarde. Fue el feminismo, sostiene, el movimiento que imaginó mejores futuros, a partir de preguntas complejas y de plantear cuestiones profundas no solo sobre roles sociales o relaciones de poder, sino también sobre las categorías del lenguaje. Qué es ser hombre, qué es ser mujer, por ejemplo, son debates que ha instalado el feminismo y que hoy ha sido calificado por sectores reaccionarios como demandas identitarias.
Escribes que el feminismo ha cuestionado las categorías del poder y del lenguaje. Qué es ser hombre, qué es ser mujer, por ejemplo. Existen críticas que dicen que el feminismo se centra exclusivamente en eso, a costa de otras desigualdades más elementales, como la económica. ¿Qué responderías a eso?
“Quienes hacen esa crítica, al parecer, tienen una agenda: instalar la idea de una desconexión o desactivación de los feminismos que me parece imprecisa, cuanto menos, sobre todo si observamos que el feminismo sigue siendo el único movimiento capaz de llenar las calles cada año, al menos en Chile”.
Durante la última década, y en un ejercicio completamente opuesto al de líderes como José Antonio Kast, la autora también sostiene que “el feminismo ha intentado reponer palabras como igualdad, cuidados, comunidad”.
¿Qué imaginas para el futuro del feminismo en Chile?
“Un rol vigilante, crítico, alerta que ya está jugando. Y, a la vez, un papel crucial en una rearticulación colectiva que permita volver a decir palabras como esperanza o imaginar. Lo dice Francesca Albanese, la relatora de Naciones Unidas para Palestina, mucho mejor que yo. “La esperanza es una disciplina que debemos practicar juntos”. Juntas, agregaría. Y creo que esa labor de construcción de una esperanza, de urdimbre de un futuro, solo puede darse en colectivo”.