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ANTES DE LAS TORRES, TODO ESTO ERA SAN MIGUEL

De la vida de fábrica y barrio que nuestro seguidor Álvaro Flores recuerda, hoy, en San Miguel, poco y nada se mantiene. En esta nueva entrada de #LlegóDM nos escribe sobre la resistencia de la memoria en un sector que se niega a perder su identidad.

x Álvaro Flores

Había un piano en el Sindicato Madeco.

Lo recuerdo desde chico, cuando mi tata Mario me llevaba caminando por San Nicolás hasta ese edificio de butacas antiguas y escenario central, como un teatro pequeño que guardaba algo grande. Ahí se juntaban los jubilados de Madeco, hombres que habían construido el país con las manos y que seguían siendo comunidad aunque la fábrica ya no los convocara. Yo no entendía del todo lo que ese lugar significaba. Solo sabía que cuando entrábamos, algo en el ambiente pedía respeto.

Lo entendí mucho después, escuchando a Gepe. Él es de San Miguel, también caminó estas calles, así como Jorge González, Natalia Valdebenito, y hasta Pedro Lemebel, otros ilustres vecinos. 

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En Punto Final no escribe sobre un barrio abstracto: escribe sobre lo que vivió. “Caminando al colegio no’ íbamos a pie / Comiendo un completo, al desayuno un té / Siete y treinta, caminando Gran Avenida“. Esos versos no son nostalgia decorativa. Son un documento. Y cuando canta “buena gente aquí en Madeco, Carlos Valdovinos y en La Pirámide“, nombra lo mismo que yo vi de niño en ese salón: una forma de vida construida con trabajo y con dignidad.

Hoy esos mismos lugares cuentan otra historia. Donde había fábricas, hay torres de departamentos que no dialogan con la escala del barrio. Lo Vial resiste, pero el paisaje cambia rápido. Gran Avenida, Salesiano, el metro San Miguel: los mismos nombres de la canción, pero con otra densidad, otra velocidad, otra lógica. El territorio que Gepe canta ya no es exactamente el que existe, pero tampoco ha desaparecido del todo. Hay vecinos que conservan fotografías, carnets, boletines de Madeco. Hay quienes se juntaron en ese mismo salón del sindicato a reconstruir su historia en talleres de memoria. El piano, quizás, sigue ahí.

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Cuando pasa el tiempo seguimo’ igual / Hasta el punto final“. Eso también es verdad. La memoria tiene su propia geografía, y esa, nadie la divide.

En homenaje a Mario Flores Torres (1924–2026), mi tata.