LA CITA DE MATTHEI CON UN MINISTRO DE MILEI

¿Motosierra, bisturí o podadora? Evelyn Matthei sabe que no corre sola y que el tramo para sacar ventaja se acorta cada vez más. Mientras sus contendores en la derecha, Johannes Kaiser y José Antonio Kast, definen sus equipos y propuestas programáticas, la ex alcaldesa de Providencia dice que lleva más de un año trabajando en ellas. El diagnóstico está listo. De él se desprenden ejes claves: reducir el gasto fiscal y apretar el Estado como lo ha hecho el gobierno de Javier Milei, en Argentina ¿Qué está dispuesta a prometer la candidata de Chile Vamos para conquistar al electorado?

x Tomás García Álvarez

Soy argentino, les aviso- dice Federico Sturzenegger aunque su acento lo delate. 

El ministro de Desregulación y Transformación del Estado de Argentina, se declara más tibio que Javier Milei y muestra desplante y soltura al hablar. Parece simpático. Viste terno y camisa, pero no usa corbata, igual que el presidente Boric. Y no. No es que para este seminario del Centro de Estudios Públicos (CEP) haya escogido vestir distinto. Tampoco las usa en las entrevistas con la prensa argentina.

Lleva un ritmo rápido para explicar lo que ha hecho durante sus quince meses de gestión. Tiene poco tiempo y quiere aprovecharlo, así que se lanza a explicar dos elementos claves: el superávit fiscal, es decir, disminuir la diferencia entre el gasto del Estado y sus ingresos, y la corrección fiscal.

Los datos indican que Javier Milei lo logró. Que por primera vez un gobierno ha llegado a un superávit de 10,4 billones, destrabando las cifras que no se movieron durante 14 años. El ministro asiente, el auditorio del CEP se llena de aplausos y antes de que lleguen a disiparse, Sturzenegger vuelve a la carga. Explica que para ahorrar, hay que dejar de gastar.

El gobierno argentino implementó el mayor ajuste al gasto fiscal en 31 años de historia, afectando principalmente las prestaciones sociales (30,6%): salud, educación y la caída de la jubilación mínima. Por esa razón las calles de Argentina se han repletado de manifestantes las últimas semanas para defender a pensionados y pensionadas que han resultado ser los más afectadxs por las políticas agresivas de Javier Milei.

Y es que el propio Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC) de la República Argentina, en su informe ‘Incidencia de la pobreza y la indigencia en 31 aglomerados urbanos’, indicó que casi el 53% de las personas del 42,5% de los hogares se encontraban por debajo de la línea de pobreza durante el primer semestre de 2024.

Pero eso no es todo. El Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (CELAG) reporta que “este número es insuficiente para dimensionar la pobreza real, debido a que este tipo de medidas ignoran a los hogares que cuentan con ingresos muy próximos al umbral”. De esta forma, detallan que en la medición estatal si un hogar posee 100 pesos más en el valor de la canasta básica total, “dejaría de ser considerado pobre”. Así, “en definitiva, si realmente nos preocupa la pobreza en serio, deberíamos contemplar la suma de los unos y los otros, los ‘pobres’ más los ‘casi pobres’. O sea: un 73,3%”. Casi tres cuartas partes de la sociedad argentina.

“Ahora el Presidente nos dice ‘bueno, muchachos, ya está, hicimos esto, ahora llegó el momento de arrancar. Ahora vamos en serio, ¿ok?’ Entonces, mis equipos de la motosierra están implementando lo que llaman ‘La motosierra 2.0’”, dice Sturzenegger mientras levanta sus brazos como queriendo cortar el aire con su herramienta para podar.

"LOS LOCOS DE LA MOTOSIERRA"

Esta frase Sturzenegger la repetirá muchas veces. Que su equipo de trabajo está repleto de “locos con motosierra”. Que los que están por la libertad, no dudan en recortar. Que han logrado eliminar 41.142 empleos públicos y ahorrarse 4.548 millones de dólares y que la vez en la que llegó a la oficina del presidente con un listado de puestos en el Estado que estaban demás, instituciones que podía desarmar, Milei lanzó “orgasmos” como si estuviera teniendo sexo. Lo dice así y el auditorio estalla en risas.

A su lado izquierdo está sentada Evelyn Matthei. Tiene el pelo ordenado y viste una blusa azul marino. Hace treinta minutos fue aplaudida en la presentación del seminario que lleva por nombre ‘Desregulación y transformación del Estado: Lecciones desde la Argentina de Milei’. Aplaudida al mencionarse que es candidata de Renovación Nacional y la Unión Demócrata Independiente. Aplaudida todavía más al ser presentada como “la ministra de los mil empleos en el gobierno anterior”.

Es que hace pocos días la candidata se ha enredado en un cruce con la ministra del Trabajo, Jeannete Jara, sobre la nula creación de nuevos empleos en el gobierno actual. Sacó los números a relucir y durante su presentación en este seminario retomará la polémica y rematará diciendo que “la señora que vende Super 8 es trabajo informal”.

Federico Sturzenegger continúa con su exposición diciendo que el gran problema de Argentina es la estabilidad. Espera que el público se ría, pero nadie lo hace. Estabilidad, explica, porque hace 40 años los líderes sindicales siguen siendo las mismas personas. Estabilidad porque los empresarios argentinos son los mismos hace mucho más. Y allí está la génesis de todo, según dice: el sistema de castas. Los de siempre depredando al Estado. “Los degenerados fiscales”, “la grasa”.

Por eso el ministerio que dirige tiene sentido. Busca desregular, desburocratizar el aparato estatal. Y para eso circula una web donde los ciudadanos argentinos y argentinas pueden denunciar los trámites que están demás. Las trabas del sistema que nublan sus vidas. “Reportá la burocracia”, se llama.

Matthei asiente, pero no como si estuviera de acuerdo, más bien como queriendo entender algo. Como si le pareciera una lectura homologable a Chile. Como si la motosierra de pronto fuera aplicable también a este país.

Entonces, llega su turno.

LA TIJERA DE MATTHEI

Su alocución parte con una comparación impositiva entre Irlanda y Chile. Dice que sería irrisorio pensar en invertir en el país mientras exista un impuesto para ello del 27%. El de Irlanda alcanza el 12.5%. Saca al baile al ministro Mario Marcel sobre su idea de disminuirlo a un 24%, pero ella va más allá. En diez años quiere llegar al 18%. Ojalá antes.

Su mirada delata molestia. Por el bajo crecimiento, por las trabas a la inversión, por la inseguridad del país, dice mientras sus manos apuntan con firmeza el telón del auditorio y sus ojos azules se clavan luego entre los asistentes. En ese lugar son más las cabezas canas que las oscuras, aunque la del ex candidato presidencial y ministro de Sebastián Piñera, Ignacio Briones, todavía mantiene su color. Es uno de los asistentes, igual que Pablo Longueira, la investigadora del CEP Sylvia Eyzaguirre y el encargado programático de Matthei, Juan Luis Ossa.

Cuando ya se siente cómoda en el podio, refuerza la idea de ajustar el bolsillo del Estado en 61 millones de dólares. Pero es cautelosa. Prefiere no hablar de motosierra, aunque también evita hablar de bisturí. Entonces, sondea algo más pequeño, más delgado como Chile y su territorio, algo que no dañe pero que cumpla el objetivo de recortar el Estado: una tijera de poda, grande y rápida, dice.

Su lectura no es muy distinta a la de la oposición. Durante los últimos días el gobierno de Gabriel Boric ha celebrado el crecimiento del 2,6% del Producto Interno Bruto (PIB) en 2024, pero para ella y sus correligionarios todavía sigue siendo poco, por no decir nada. De cierta forma está en lo correcto. Las cifras indican que está por debajo del 2,7% a nivel mundial.

“Miren, estamos mejor que como partió Argentina”- dice Matthei- “pero la verdad es que estamos muy mal. Llevamos ya un crecimiento bajo, con la gente que lo está pasando mal. No hay empleo. Anteayer estuve en una obra de construcción, todos los trabajadores me decían ‘Mire, el problema es que llegar a la casa en la noche es un peligro, pero además no llegamos a fin de mes’. ‘No llegamos a fin de mes’”.

La candidata propone aplicar una política agresiva. Reducir el gasto y luego trae a la memoria una visita de la embajadora de Singapur, Chong Siak Ching, cuando era alcaldesa de Providencia. Una idea se le quedó grabada de ese encuentro: la cantidad de embajadores que tiene un país. Luego viene la pregunta que propone estudiar: ¿necesita Chile tener embajadores y consulados en todos los países? ¿Por qué no un embajador para dos países o tres, tal vez?

Algunos de los hombres de terno y corbata que la escuchan se llevan su mano al mentón. Y ella sigue. Plantea también que por qué no pensar en un bi o tri-ministerio. 

Hay mucho gasto social, que se llama gasto social, pero en realidad es gasto burocrático. Entonces, por lo tanto, estamos mirando todos los beneficios que pudiéramos hacer de llegar a la gente en forma de un cheque a fin de mes. Punto. Y nos ahorramos todos los burócratas, ¿no es cierto?”, dice Matthei.

Iósif Grigulevich

Pero para eso sabe, y también aclara, que necesita mayoría en el Congreso. Pese a que hoy están divididos y el sueño de primarias transversales en la derecha se vea lejano, la tarea principal es tener diputadxs y senadorxs para hacerlo posible. Porque de algo está muy segura: no va a haber luna de miel. “Los intelectuales de izquierda nos van a dar con todo, como siempre lo han hecho”, zanja la candidata.

Su presentación termina airosa. Recibe aplausos y aunque a ratos sus ideas parecen cruzarse con las de Milei, Federico Sturzenegger le hace saber que lo de la podadora y el bisturí le parece ambiguo, que a los programas sociales hay que aplicarle motosierra porque la regulación es lo más corrupto que hay. 

Matthei lo mira y escucha sin interrumpir. Quizás sigue ardiendo por dentro luego de decirle a todxs que “está muy positiva”. “Vamos a ganar y creo que vamos a transformar Chile”.

Transformar Chile como dijo hace cuatro años atrás Gabriel Boric antes de ganar la presidencia. Transformar con esperanza, antes.

Transformar con agresividad, hoy.

Y a todos los que quieran colaborar, les pido desde ya: no reuniones, no papers, no bullets. ¡Just do it! (¡Solo háganlo!)”, alienta Matthei al terminar.