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DECEPCIONADOS

UNA FOTO A LA (DES)APROBACIÓN DEL PRESIDENTE KAST Y EL DESENCANTO CIUDADANO

Más de siete millones de personas se acercaron a las urnas en diciembre pasado pensando, mayoritariamente, en la seguridad y la economía del país y transformaron a José Antonio Kast en el presidente más votado en la historia republicana de Chile. A casi seis meses de haber asumido, con 43 autoridades fuera y una desaprobación que no baja del 50%, algunos de sus electores cuentan por qué se han desilusionado del mandatario. En las redes sociales se habla de ‘disfrutar lo votado’ y ya se asoman los primeros ‘arrepentidos’, pero analistas y académicos prefieren mirar ese desencanto con cautela: la insatisfacción es un síntoma de una sociedad más exigente y con necesidades que nadie ha logrado resolver.

x Tomás García Álvarez y Benjamín Manríquez

*Algunos nombres fueron modificados a solicitud de las personas entrevistadas.

Camila Torrejón-Olavarría (38) se cuelga de un video en TikTok para demostrar su descontento. Es de derecha, su familia también. Vive con sus padres en La Pintana y es cuidadora de su abuela postrada. Ha pasado por varias carreras, dos sin terminar y le queda poco para convertirse en administradora pública. Al igual que más de 7 millones de personas votó por José Antonio Kast. Pero está insatisfecha. 

“Esperaba que comenzara a bajar de manera progresiva el índice del desempleo, que se incrementaran las medidas de seguridad, que la criminalidad bajara de manera significativa”, comenta.

Su sentir no es individual.

Durante los últimos meses ha comenzado a cultivarse un ánimo de decepción en la ciudadanía que el ministro de Defensa, Fernando Barros, comentó el pasado sábado en el Diario Financiero. El abogado, quien ha complicado al gobierno por sus constantes salidas de libreto en temas diplomáticos y una reciente crítica al Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), dijo al medio que “a los tres meses ya la gente se sienta decepcionada. ¿Con qué derecho?”.

En julio, el estudio Scanner Social de la consultora Gemines reveló cifras incómodas para La Moneda. Según la muestra, un 67% consideró que el Presidente de la República “no es del todo sincero” y más de un quinto de las personas que se identifican con la derecha, comparten esa premisa. El mismo sondeo dio cuenta que la elección de Kast no se debió a un voto ideológico sino que fue una respuesta en oposición a la candidata comunista, Jeannette Jara.

Alguien que lo confirma es Amalia Maturana (59). Suele votar por la derecha, pero en este caso su voto no fue por convicciones valóricas. Declara que no comulga “con todas las ideas” del presidente: “Soy pro aborto, pro eutanasia, pro diferencias sexuales, soy bastante abierta en eso”. Su primera preocupación al momento de votar fue la seguridad y afirma que respecto a ella “este gobierno tampoco ha dicho nada. Medias tintas en todo”.

LA GRAN PROMESA: LA SEGURIDAD

Quien ha estudiado durante años el vínculo entre ciudadanía y política en Chile es Kathya Araujo. Para la investigadora, detrás de la decepción hay una causa más profunda: las personas se han vuelto menos comprometidas ideológicamente y más exigentes con los resultados.

“La baja del apoyo parece indicar que efectivamente la ciudadanía considera que lo que está haciendo [el presidente Kast] no es algo que valoren o que sea algo que consideren que lo hace merecedor de su apoyo”, señala Araujo. 

Pablo Bórquez, analista de la consultora Gemines, explica que uno de los principales flancos del mandatario hoy es el incumplimiento de sus promesas claves: “La seguridad fue su caballito de batalla durante la campaña y la ciudadanía no está percibiendo avances en esa materia”.

Instalada en su casa en la comuna de Las Condes, Amalia Maturana transparenta su angustia: “Uno sigue sin poder salir en las noches, en las poblaciones, en los sectores más periféricos, inclusive en Las Condes, Vitacura y Ñuñoa. Sigue habiendo asaltos, hasta de menores y niños. Los delincuentes siguen saliendo de la cárcel. No se ha hecho nada en contra”.

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Desde Pichidegua, región de O’Higgins, Pedro Solís (64) opina algo similar. Es militar en retiro y esperaba que el gobierno dotara de más herramientas a las Fuerzas Armadas y uniformados: “A nadie le gusta que maten a su vecino, hermana o papá. Yo voté por José Antonio Kast, trabajé fuertemente por él y esperaba algo más radical. Pero no ha sido así y ese es el descontento de todos los chilenos. De todas formas, es su estilo y tenemos que respetarlo porque en democracia es así”.

Otra de las preocupaciones del ex militar es el trato que han recibido los reclusos del penal Punta Peuco, a quienes Johannes Kaiser, por ejemplo, propone indultar y quien fue su primera alternativa en las elecciones pasadas: “Tenemos viejitos de 93 años presos en Colina. No me parece justo que fallezcan encadenados sin saber cómo se llaman. Salieron a defender el país y nadie hace nada por ellos”.

Durante las últimas semanas, el gobierno ha buscado girar el timón para atacar la deteriorada percepción de su gestión en materia de seguridad. Algo que ya se había intentado en marzo con la construcción de una zanja en la frontera norte del país. Pero para Amelia Maturana esta medida “fue un voladero de luces para que la gente se quedara tranquila La gente sigue entrando con o sin zanja, porque no hay un control judicial allá, no hay nada”.

Lo mismo opina respecto de la reforma de seguridad presentada durante estos días, que consta de una serie de medidas, entre ellas, modificaciones a la Constitución y la incorporación de un nuevo Estado de Excepción Constitucional: “Son anuncios que no quedan en nada. Hay que ir al Senado, peleas entre medio y al final ahí queda todo”, sostiene. La encuesta CADEM del 27 de agosto, mostró que el 58% cree que el proyecto debería ser retirado y modificado.

El pasado 13 de agosto, Gendarmería ejecutó el traslado de 295 reos a la Cárcel de Alta Seguridad de Talca en una operación que tituló “Plan Cancerbero,” y marcó una de las primeras medidas a gran escala en materia de seguridad durante la administración de Kast. La amplia cobertura televisiva se acercó a los procedimientos que han tomado fama en Estados Unidos y El Salvador.

Desde la región de la Araucanía, históricamente apuntada como uno de los sectores más complejos en seguridad y uno de los bastiones de la derecha, Sara Martínez (48) se muestra incrédula. Es gendarme hace casi 30 años y, si bien considera que la medida es efectiva contra la sobrepoblación de cárceles y para separar a los reclusos de alta y baja peligrosidad, no está de acuerdo con el copamiento comunicacional que significó: “Se pudo haber provocado una vulneración a la seguridad. Podría haber terminado hasta en rescates de los reos”.

Martínez se decidió por José Antonio Kast con la esperanza de un cambio radical en la seguridad pública. Hoy cree que el mandatario nunca se tomó ese problema en serio. A su parecer, una muestra de ello fue el nombramiento y accidentado paso de Trinidad Steinert como jefa de la cartera: “Sentía que se reían de todos los chilenos cuando veía a esta persona como ministra”.

Respecto al nuevo estado de excepción constitucional propuesto para la reforma de seguridad del ministro Martín Arrau, afirma que “no estoy de acuerdo que sea para todos los chilenos. Ya que los chilenos somos libres y no pueden restringir nuestro derecho a desplazarnos libremente”, para luego añadir que la sensación de inacción es compartida entre sus colegas de Gendarmería. “Solo han tomado medidas que perjudican a la gente que se saca la mierda trabajando”.

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EL BOLSILLO DE LOS CHILENOS

La decepción de Sara, al igual que la de Camila Torrejón-Olavarría, no solo se basa en lo que el mandatario prometió hacer, sino también en lo que aseguró que nunca haría. Entre la canción “Te amo PGU” y los spots de la ex vocera de Gobierno, Mara Sedini, que se emitieron durante la franja electoral en los que desmentía a la actual oposición, la campaña de Kast dejó algo en claro: los derechos sociales no serían tocados bajo ninguna condición.

Sin embargo, a inicios del gobierno, el Ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, anunció una serie de reajustes que afectarían a importantes programas sociales, reducciones presupuestarias en algunos ministerios y la revisión de beneficios como la Pensión Garantizada Universal (PGU). El paquete, denominado “Plan de Reconstrucción Nacional” y también conocido como “megarreforma”, tensionó las expectativas de la ciudadanía: según la última medición de Criteria, un 48% de los encuestados consideró que la medida tendría consecuencias negativas para el país.

Aunque en ambos casos el gobierno dio marcha atrás, para las dos mujeres marcó un cambio en las expectativas que sostenían. Camila, por ejemplo, cree que la administración actual “partió al revés”. 

“Esto vino a remecer todas las ideas que tenía de la presidencia de Kast. Yo he estudiado siempre con beneficios: primero el crédito, luego una beca (pagada por privado), luego gratuidad. Conozco la realidad por dentro y veo a muchas compañeras que estudian después de los 40 o 50”.

En la misma línea, la economía del hogar aparece como otra de las principales preocupaciones para las y los chilenos. Scanner Social reveló que un 79% cree que el ajuste fiscal impulsado por el ministro Quiroz podría afectar su bolsillo. Por su parte, la encuesta Plaza Pública de CADEM, lanzada la primera semana de agosto, indicó que un 56% de los chilenos cree que su situación económica personal y familiar es “mala/muy mala”. Esta cifra es la más alta registrada en la medición de la encuestadora, que muestra datos desde que Michelle Bachelet asumió su segundo periodo presidencial en 2014.

“Para muchas personas ya es muy complicado llegar a fin de mes y se tienen que extremar medidas como el crédito o la deuda. Y de parte del gobierno no hay ninguna agenda para ello”, alerta el analista Pablo Bórquez.

Carlos Rodríguez (29) está cesante y votó por Kast motivado por la propuesta de un shock económico y de inversión extranjera. Vive en Los Vilos, región de Coquimbo, y esperaba que el gobierno entrante mostrara un “manejo más serio y menos amateur que el de la administración anterior”. Hoy, se declara arrepentido de su voto y afirma que votaría por Jeannette Jara si pudiera devolver el tiempo. Según comenta, el desempeño del gobierno a casi seis meses de haber asumido “deja mucho que desear”: “Sus medidas están muy desconectadas de la realidad. Él fue electo por una gran mayoría y está gobernando para los sectores más acomodados”.

Amalia Maturana también mira con malos ojos las primeras medidas económicas que se han tomado. “Si se recorta para abajo el país va a quedar más pobre de lo que está. Y van a eximir de pagar contribuciones a los empresarios, gente que gana miles de millones, o sea, es una cuestión descriteriada”. Antes de cerrar, dice “que cambiaría a varios ministros” para que sigan la senda de lo que ha hecho Iván Poduje en Vivienda: “Ha estado en terreno, se ha preocupado de las viviendas sociales”, comenta.

Por su parte, y pese a que es consciente que los ajustes traerán costos, Camila Torrejon-Olavarría cree que hay que asumirlos. “Se necesita recuperar la inversión, se necesita crear empleo, se necesita incentivar a quien tenga una empresa que en vez de sacar sus utilidades afuera las reinvierta”, complementa.

EL HASTÍO CIUDADANO: NO ES SOLO KAST

La sensación de que Chile va por “mal camino” es, de acuerdo a CADEM, mayoritaria. Es más, durante la actual administración alcanzó su máximo histórico con un 61% del país y hoy se ubica en el 55%. Sara Martínez admite sentirse identificada con la medición, especialmente cuando se trata de la situación económica: “Veo que el país se está empobreciendo y eso puede hacer que aumente todavía más la delincuencia”.

Pese a esto, el presidente mantiene la esperanza de repuntar. En una entrevista en Radio Infinita el pasado lunes, José Antonio Kast afirmó que su gestión está logrando recuperar el apoyo de la ciudadanía. Algo que desmiente la última medición de CADEM, cifrando la desaprobación en un 59%, seis puntos más arriba que hace aproximadamente dos semanas. También, abordó las comparaciones de cifras de aprobación con la administración del expresidente Gabriel Boric, diciendo que con él “no había por dónde salir adelante, porque ellos los primeros seis meses de su gobierno se dedicaron a una reforma constitucional refundacional a través de una asamblea constituyente”.

Entre sus propios votantes, sin embargo, las expectativas están divididas. Pedro Solís admite que tiene esperanza en que el gobierno aún puede hacer las cosas bien: “Por supuesto que vamos a mejorar”. Por la contraparte, Sara Martínez ve con dificultad que la administración vaya a repuntar: “Siento que se están escudando en que el gobierno anterior dejó la embarrada y capaz que pasen los cuatro años diciendo eso”.

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Pero la decepción que hoy enfrenta el presidente Kast no necesariamente comenzó con él. La población lleva años expresando la sensación de que, independiente de quién esté en el poder, los problemas del país no mejoran. Es un fenómeno que Kathya Araujo viene estudiando desde hace más de ocho años y que también atravesó a los gobiernos de Gabriel Boric, Sebastián Piñera y Michelle Bachelet.

Pero el hecho de que durante los últimos 6 años el país haya enfrentado una decena de procesos electorales ha girado la brújula. La investigadora cree que al estar la competencia política mediada por “ofertones electorales”, es muy probable que exista decepción. 

Es lo que perciben Amalia, Camila, Pedro, Carlos y Sara. 

Y con ello, advierte Araujo, “aumenta el desencanto con la política, la descreencia de las personas. Y eso te empuja a que la ciudadanía se vaya moviendo cada vez más, alejándose de esta política institucional (…) Más desencanto, más promesas incumplidas, más sentimiento de que la política institucional no se preocupa realmente por lo que les pasa a las personas, por lo que a ellas sufren”.

Un sentimiento de urgencia e inmediatez que dejó a este gobierno con la marca de una luna de miel considerablemente más corta que la de sus antecesores. A los 15 días de haber asumido el cargo, José Antonio Kast, el presidente más votado de la historia de Chile -entre el polémico bencinazo y los primeros tropiezos de las ex ministras Trinidad Steinert y Mara Sedini-, ya había perdido la aprobación mayoritaria del país. Hoy, a casi seis meses del inicio de su gestión, el respaldo no logra superar la barrera del 40%. 

UN FENÓMENO DIFÍCIL DE LEER

Pero, ¿significan estas cifras que los votantes de Kast decidieron pendular hacia el lado opuesto? 

A la vista de Bórquez de Gemines, la respuesta es más compleja que una dicotomía entre derecha e izquierda. Según la última entrega de Scanner Social, un 58% del país se siente insatisfecho con cómo funciona la democracia en Chile. “Hay una decepción generalizada con el sistema político que no empezó ahora. Y se ve exacerbada con la instantaneidad de estos tiempos”.

Los cinco votantes consultados tampoco parecen moverse en una misma dirección. Si la elección fuera hoy Torrejón-Olavarría votaría por Max Luksic, Solís y Maturana por Johannes Kaiser, Rodríguez por Gabriel Boric y Martínez por Camila Vallejo. Un universo de candidatos que no alcanza para quebrar con la tendencia desaprobatoria que se ha instalado en Chile.

La posible salida al desencanto, cree Kathya Araujo, es la participación política que hoy está en mano de los partidos. “Tienen que volver al territorio, a lo local, y tienen que producir también procesos de pedagogía política que son muy importantes. Evitar que la política institucional se debilite de tal manera que perdamos este instrumento de mediación e instrumento de regulación de los conflictos”, enfatiza la investigadora.

La decepción pareciera ser un fenómeno que se aleja de la caricatura del votante arrepentido que buscará expiar sus culpas en cuatro años más votando por el sector opuesto al que gobierna actualmente. No habla de una sociedad despolitizada y desinteresada, sino de una insatisfecha con sus gobernantes que abandonó los sueños a largo plazo por sus urgencias nunca resueltas y que ya está haciendo tambalear la popularidad del gobierno de José Antonio Kast.