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JEANNETTE JARA, ¿PODRÁS?

El triunfo de Jeannette Jara en las primarias del oficialismo la sitúa como la mujer del momento. Su carisma y templanza son atributos que la destacan en un escenario político que no acostumbra a convivir con la dulzura. En esta columna #EnEfecto la cineasta y escritora Constanza Tejo Roa analiza el fenómeno que ha provocado la ex ministra del trabajo y las posibilidades de convertirse en presidenta de Chile.

 x Constanza Tejo Roa

Si hay una mujer que ha revolucionado los medios, la opinión pública y al país estos últimos días, esa es Jeannette Jara: con un 60,16% de aprobación en las primarias se consolidó como la candidata presidencial del oficialismo, inundando todas las redes sociales con memes de un futuro Chile comunista.

Con una campaña que avanzó rauda, pero silenciosa, logró lo que nadie esperaba. ¿De dónde salieron sus votos? Y, por sobre todo, ¿será que una comunista ha logrado reencantar a parte de la población con la política?

Me planté el domingo ante el televisor para devorar su discurso de principio a fin, pero grande fue mi sorpresa al sentirme completamente doblegada por la imagen que estaba viendo: una tarima enclenque a la que cada vez se subía más gente para estar cerca de la candidata ganadora, sin importar si aguantaría a todo el mundo arriba o no; porque donde caben dos, caben tres; porque el corazón es grande para albergarlos a todxs; porque Jara actuaba como un imán imposible de evadir, le duela a quien le duela; porque yo vi la real esencia de Chile en ese escenario; no a los jaguares de Latinoamérica, ni al oasis que supuestamente somos y que se desarma sin sustancia como una maqueta de estudiante de primer año.

La observé y la sentí tan cercana. Me identifiqué en sus curvas de mujer chilena, que están lejos de la mujer caucásica que nos han metido hasta por los poros y a la que no podremos parecernos jamás, a menos que nuestros genes y apellido digan lo contrario.  Y es que sí, la imagen habla más de lo que creemos, y es natural que el pueblo chileno resuene con la hija de una dueña de casa y un trabajador técnico mecánico, que ha sido la primera universitaria de su familia, y que, por lo mismo, desborde carisma al conocer de primera mano las necesidades de la gente.

Jara ha reposicionado la feminidad, demostrando que el que habla más fuerte no es necesariamente el que habla mejor, ni aquel que dice la verdad o el que merece ser escuchado. Ha sabido establecer límites claros, pero con dulzura, reconectándonos con un poder femenino, que en nuestro sesgo por ser más masculinas y, por ende, valoradas, hemos olvidado por completo. Lo ha hecho no solamente con la derecha, sino también con el mismo presidente de su partido, Lautaro Carmona, al manifestar abiertamente sus discrepancias respecto a temas ideológicos como los presos políticos cubanos o al jactarse que “el gobierno lo voy a conducir yo” ante las presiones por iniciar un nuevo proceso constituyente.

Mientras la derecha apuesta por constituirse como un león feroz que intentará despedazarla mediante el terror a través de fake news y el ventajoso relato sobre  la historia mundial del comunismo comandado por la Unión Soviética, Cuba y Venezuela; Jara propone volcarse hacia la realidad de nuestro país optando por el diálogo, el trabajo con las bases y la integración de las voces disidentes.

Quizás sean esas las características que la ubicaron recientemente con un 26% de intención de voto por sobre José Antonio Kast, quien obtuvo un 23%, en la encuesta Panel Ciudadano de la Universidad del Desarrollo.

Jara desmitifica que su plan de gobierno no esté interesado en la economía y crecimiento financiero, respaldándolo con su legado de trabajo social en el derecho tributario como fiscalizadora en el Servicio de impuestos Internos (SII) y como ministra del Trabajo, mientras también propone el urgente impulso de la ciencia y tecnología para seguir potenciando a Chile a nivel geográfico y humano, pero sin descuidar los derechos de lxs trabajadorxs.

Jara es una mujer con criterio. Lo veo en su afán por continuar con su carrera a la presidencia, aun cuando el partido comunista guardara distancia al no poder influenciarla como quería. La veo con criterio al entender que el valor de servicio está por sobre las diferencias políticas. La observo decidiendo con criterio, cada vez que nos recuerda la humanidad y la colectividad que hemos olvidado como sociedad para sacar a nuestro país adelante. Destaco su criterio en su gesto maternal de acercarse al presidente Boric y regalarle un pilucho a su recién nacida hija Violeta, recordándonos la importancia de la familia sin necesidad de oponerse al aborto o cerrar el Ministerio de la Mujer, lo que a fin de cuentas es transversal para todxs.

Ha mostrado un interés genuino por un pueblo sediento por ser visto y maternado, asemejándose a la figura de Michelle Bachelet. Un pueblo que quiere estar en manos de gente que lo represente y no más en las de élites distantes. 

Esperemos que esta nueva líder en formación sea más que una ilusión desesperada de la población chilena y que el corazón no se nos vuelva a quebrar otra vez en este camino a las candidaturas presidenciales, donde lxs políticxs tienden a prometer lo imposible.