Ricardo Meruane nóctulo

Meruane, el humorista crónico

¿QUÉ SERÍA DE ÉL SIN EL NÓCTULO?

Fue matricero, se convirtió en referente de la comedia durante los ochenta y noventa, estuvo preso en el anexo penitenciario Capuchinos y es el único humorista que fracasó dos veces en el Festival de Viña del Mar. Pese a todo, continúa en el oficio de hacer reír. Hoy, luego de la viralización de su chiste sobre el nóctulo, es un creador de contenido intergeneracional en redes sociales que busca su revancha en Viña. Aquí, un repaso a los 69 años de Ricardo Meruane, el humorista crónico de Chile. 

x Tomás Gómez

El lugar parece de todo menos un bar: su fachada se asemeja a un contenedor grande, totalmente negro y con una puerta angosta del mismo color. Si es que alguien se atreviera a mirar a través de ella no vería ni la más mínima luz.

Poco hace suponer que este antro ubicado en el centro de Santiago -a pasos del barrio Bellavista- es la Casa Comedia: un bar y restorán perteneciente al humorista Rodrigo González que, dirá él mismo, atravesó por mejores momentos que el actual. 

Este segundo sábado de octubre de 2025, según el pequeño cartel ubicado a las afueras del lugar, están por presentarse el dueño y el humorista estelar de la noche: Ricardo Meruane, con su show “Hay que entrar a picar”.

Días previos a la presentación, Meruane hizo dos directos en su cuenta de Instagram que acumula más de 50 mil seguidores. En ellos llamaba a sus “fans de verdad” a que lo fueran a ver esa noche a las ocho, para experimentar por cuenta propia el “humor crónico y actual” que él dice hacer. 

Pero el aviso parece infructuoso: solo nueve personas están sentadas en las sillas negras sin respaldo de la Casa Comedia, esperando el show que lleva 15 minutos de retraso. Meruane y González están conversando atrás, en la barra, con la esperanza de que más gente llegue.

Cuarenta minutos después, y con dos nuevos asistentes, Rodrigo González decide subirse al escenario. Su rutina es corta. Un clásico stand-up e interacción con el público que logra sacar más de una risa.

González habla sobre el local y el problema con los permisos que lo tienen hace más de un año y medio cerrado, de este show que pensaron suspender porque no creyeron que llegaría gente y del plato fuerte que está por venir: Ricardo Meruane.

Los dejo con un grande, un ídolo. El próximo humorista que pisará la Quinta Vergara y se llevará todas las gaviotas. Acá, en Casa Comedia, fuerte el aplauso para don Ricardo Meruane.

El comediante sale del camarín y comienza el show.

EL NIÑO DE LA CABELLERA RUBIA

Cuando terminó de apilar y desparramar los bancos en el rincón de la sala de octavo básico, el niño de cabello rubio salió al patio y se encontró a uno de los curas de su colegio mirándolo con reproche.   

Esa fue una de las últimas travesuras de quien en ese entonces estudiaba en el La Salle, el mismo niño que fue presidente de curso por ocho años consecutivos y a quien, erróneamente, le decían “turco”: César Ricardo Andrés Meruane Meruane. El séptimo de los nueve hijos del inmigrante palestino Chucre y su esposa María estaba a punto de ser expulsado de su colegio.

Sin embargo, antes de concretarse, los curas que administraban el establecimiento llamaron a su apoderada: la mayor de sus hermanos, Clara Luz Meruane.

En ese minuto opté por sacarlo antes de que lo echaran. Lo cambiamos con mis papás al colegio Calasanz, pero solo duró dos años: de nuevo lo quisieron expulsar por su conductarecuerda Clara Luz.

En ese tiempo Ricardo era desordenado, impulsivo y poco reflexivo. Todo eso, dice él, ha cambiado en la actualidad. Lo que no varió fue el objetivo de todas esas actitudes, de las expulsiones, de los tantos llamados de atención de sus profesores: hacer reír.

Pero aún faltaba mucho tiempo para que él siquiera se planteara hacer de eso su oficio de vida. En 1974, Meruane terminó el cuarto medio en el colegio San Agustín y comenzó a estudiar Matricería en la Universidad Técnica Federico Santa María, aunque esa, cuenta su hermana, no era su opción inicial.

Él dijo que quería ser profesor de Filosofía, pero mi papá puso el grito en el cielo cuando le comentó. Al final yo le recomendé que estudiara la carrera de matricería comenta Clara Luz .

Chucre Meruane, dice su nieto Omar Sabaj, fue “una persona muy especial”. Migrante palestino y dueño de una fábrica de telas, les inculcó a sus hijos tres cosas fundamentales: el estar informados de la actualidad del país, el amor al trabajo y, quizás lo más importante, que “si uno empieza algo, lo termina”.

Al patriarca de los Meruane nunca le gustó demasiado la cercanía de Ricardo con el humor, menos aún sus incipientes incursiones en ese mundo.

—Me acuerdo de que ambos discutían muy seguido por eso. A pesar de que Ricardo ya tenía su profesión de matricero, el Chucre siempre le puso resistencia —recuerda Omar Sabaj.

Pero su padre hizo una concesión: Ricardo, de 24 años, ya estaba haciendo su práctica profesional en la empresa Plásticos del Pacífico cuando vio en la televisión un anuncio del canal 11, entonces llamado RTU. Estaban buscando participantes para el programa ¿Cuánto vale el show? 

Su padre lo dejó ir con la condición de que lo hiciera con precaución. Ricardo iba a presentar una pequeña rutina de humor: quería probar suerte, ver si esas tantas experiencias en sus colegios y universidad contando chistes podían traducirse en un premio en efectivo.

Suerte fue, justamente, lo que ese día le faltó.

EL BUITRE

En las calles de la comuna de Providencia, dos jóvenes humoristas conversaban mientras hacían la fila para entrar al programa ¿Cuánto vale el show?. Uno de ellos era Juan Carlos Meléndez, quien tiempo después sería conocido como el “Palta” Meléndez. El otro era Ricardo Meruane.

Antes de que la competencia los separara, se desearon suerte y acordaron verse de nuevo. Meléndez entró al estudio y le fue bien: clasificó a la final de la semana y pasó a competir para ser el ganador del mes. 

Ahora, era el turno de Ricardo Meruane.

El humorista se paró en la plataforma azul clásica del programa y miró a los cinco jurados que evaluarían su presentación, entre ellos la periodista Yolanda Montecinos, el compositor musical Julio Zegers y el actor Juan Pablo Donoso. 

El joven palestino optó por contar uno de sus chistes clásicos: el del buitre.

Dos buitres iban volando por el desierto. “Puta que tengo hambre”, le dice uno. De repente miran hacia abajo y ven un restorán para buitres. Entran y aparece un buitre de garzón preguntando qué se van a servir. El primer buitre pide un gato atropellado con cebolla y cilantro. “¿Y a usted señor?”, le pregunta el mozo al segundo buitre. “No, a mí me trae un perro atropellado, el gato como que me cae mal. Sin cebolla porque estoy pololeando”, dice.

Ricardo Meruane nóctulo
Gráfica x Aline Campos

Las risas fueron tibias en el estudio y Yolanda Montecinos fue la más dura al evaluarlo.

El joven tiene un humor chancho dijo la periodista.

Meruane ganó 700 pesos, pero quedó descalificado del programa. Al día siguiente, recuerda el comediante, le gritaron más de una vez “chancho” y “buitre” en la calle. Por todo eso pasó un año sin hacer humor.

Ese fue su primer fracaso.

YO FUI ÍDOLO

En el centro de Santiago, los administradores del Café Ulm -hoy extinto- pensaban en añadir un show los jueves. Entre ellos estaba Mario Navarro, el encargado de la producción de eventos del local. A Navarro le ofrecieron una lista de artistas para ese día. Uno de ellos era un joven humorista por entonces desconocido que se ganaría el puesto: Ricardo Meruane. 

—Me acuerdo de que en el café le iba muy mal—dice Navarro—. No le prestaban demasiada atención, pero era muy simpático y llegaban algunas personas a verlo.  

Era 1982. Meruane vivía junto a su hermana en San Felipe y trabajaba como vendedor en su local. Para sus actuaciones en Santiago viajaba una hora en bus y, cuando no alcanzaba a volver, se quedaba en la casa de sus padres.

A pesar de todas las dificultades y lo ocurrido en ¿Cuánto vale el show?, las ganas de hacer humor no lo abandonaron.

Yo volví por iniciativa propia a hacer comedia. Cuando uno tiene vocación tiende a hacer lo que le gusta, más allá de la plata o las dificultades afirma Meruane.

El joven palestino empezó a actuar en otros locales: en todos ellos con un éxito moderado, pero gestando las bases de lo que después denominaría su “humor crónico”, uno que combinaba chistes cortos con ironía y sátira del acontecer nacional durante la primera mitad de los ochenta, en plena dictadura.

Así llegó a la Cicuta, un bar en la rotonda de las avenidas Vitacura con Manquehue, en el sector oriente de Santiago. Allí conoció no solo a otros humoristas de su generación y a personajes del mundo del espectáculo como Miguel “Negro” Piñera, sino también al animador de eventos Emilio Rojas, quien se convirtió en su primer mánager. 

Poco después, Rojas lo llevó a actuar al Bowling de Apoquindo, donde ambos se encontrarían a Mario Kreutzberger, más conocido como “Don Francisco”.

En ese momento Emilio conversó con él para que yo actuara en su programa Noche de Gigantes de Canal 13. Allí me eligieron personaje del año y después de eso no paré — dice Meruane.

Luego de  sus primeras apariciones televisivas, los padres de Ricardo supieron que lo del humor iba en serio. Ambos lo apoyaron en su decisión de dedicarse a eso, pero el miedo a que le fuera mal era una constante en ellos, sobre todo en Chucre.

Ricardo siempre intentó convencer a su padre de que “podía vivir del humor”, según señala su sobrino Omar Sabaj. La duda se despejó cuando, luego de su popularidad en Noche de Gigantes, comenzó a ir al programa televisivo Sábado Gigante en 1984. A partir de ese momento a Meruane lo llamaban para tantos shows que, dice, perdía la “noción del tiempo” entre presentaciones: llegó a hacer seis en un solo día.

Algo de esa fama alcanzó a ver su padre, aunque no toda. Falleció en noviembre de 1985, a los 71 años. El humorista viajó a Temuco para velarlo y días después, aún dolido por su muerte, actuó en Chillán. El show tenía que seguir. 

La fama del comediante se mantuvo alta en los años venideros y, para la segunda mitad de los ochenta, ya era un referente para quienes comenzaban en el mundo del humor.

—Yo conocí a Ricardo de forma indirecta en el año 1987, en un evento realizado en el Club Hípico —recuerda el comediante Óscar Gangas—. Ese día estábamos trabajando junto a otros humoristas como Mauricio Flores y Lucho Arenas acompañando a las personas que llegaban al salón. Meruane era el estelar de la noche. Para nosotros era un ídolo. 

Durante los noventa, la popularidad del humorista creció. Meruane era un artista recurrente en el casino de Viña del Mar, en la versión estadounidense de Sábado Gigante, llenaba pubs y se presentaba en lugares de envergadura como el Festival Internacional del Humor. 

También fue partícipe de estelares con gran rating como Siempre Lunes de Televisión Nacional (TVN), creó el primer programa de humor político de televisión abierta – Los honorables , censurado tres meses después de su estreno por presiones contra el canal desde el mundo político- y participó de diversas ediciones de la Teletón. 

Detrás de la pantalla todo parecía ir bien para el humorista, aunque en realidad su vida personal pendía de un hilo. Uno tan fino que bastó una sola llamada para cortarlo:

— Quisiera denunciar la presencia de plantas de marihuana en un domicilio.

CARATULADO: "MERUANE CON OSORIO"

Ricardo Meruane apareció con un traje negro, camisa blanca y una corbata con un diseño anaranjado. Frente a él estaba el presentador del programa televisivo De pé a pa, Pedro Carcuro. Era 1996. 

Usted se fue a la cárcel porque le encontraron marihuana plantada en el jardín de su casa, ¿es así? preguntó el conductor de televisión.

— En parte. Había plantas de cáñamo para consumo personal —respondió Meruane.

— ¿Quién lo denunció?, ¿lo traicionaron? — contrapreguntó Carcuro.

— No estoy seguro de quién haya sido, pero hizo un daño muy grande —dijo el comediante.

Ricardo Meruane mintió en esa entrevista: siempre supo quien lo había denunciado. Fue Carmen Gloria Osorio, su entonces esposa y madre de su primera hija, Dione.

Ambos habían contraído matrimonio en septiembre de 1988, durante el clímax de la carrera del humorista y cuando Carmen tenía cuatro meses de embarazo.

Entre viajes, espectáculos y fiestas la relación empezó a sucumbir. En una demanda contra el humorista por la venta simulada de su casa, su exesposa declaró que la separación entre ambos se debía a los malos tratos y el constante consumo de alcohol del comediante. Sin embargo, para Meruane la ruptura fue culpa de ella.

 —Hay una afección de la paranoia que se llama querulancia. La gente que la padece vive corrigiendo supuestas injusticias de las que ha sido víctima: así era su personalidadafirma el humorista.   

En enero de 1996, después de separarse de facto , llegó la denuncia por las plantas de cáñamo y, con ella, una serie de demandas que Osorio puso en contra de Meruane: por violencia intrafamiliar, tenencia de estupefacientes, pensión de alimentos y por la venta de la casa del humorista.

Todo esto supuso que el comediante pisara dos veces la cárcel: primero estuvo seis días en el Centro de Reclusión de Puente Alto por las plantas de cáñamo; luego estuvo detenido en intervalos de 15 días desde el 21 de diciembre del 2000 hasta el 18 de febrero del 2001 en el anexo penitenciario Capuchinos por el no pago de pensión de alimentos a su hija.

En ese tiempo, Meruane pagaba 680 mil pesos mensuales y adeudaba otros 20 millones por la acumulación de la deuda. El humorista dice que aquella suma le fue “imposible de pagar”.

A pesar de que, afirma, la situación afectó su vida profesional, su trabajo en la televisión no se detuvo: siguió realizando programas para Canal 13 y otros canales de la televisión abierta.

Finalmente, su deuda por pensión alimenticia fue saldada en junio de 2018. Pero esto no significó una reconciliación con su primera hija, Dione, con quien no tiene contacto desde 2007. La última vez que la vio fue en un tribunal por la demanda.

—Ella dijo que no quería saber nada más de mí y su madre también. Si no hay voluntad del otro lado no se puede hacer nada—dice Meruane.

Hoy, el humorista vive en su casa de la comuna de La Florida junto a su actual pareja, Johana Elías, y la hija de ambos.

Para este perfil se intentó contactar a Dione Meruane, pero hasta la fecha de la publicación del mismo no hubo una respuesta de su parte.

"GRACIAS, NO SE MOLESTEN"

—¡Pero cállense! Si ya va a ser mejor. 

Clara Luz Meruane pidió que el público dejara actuar a su hermano. Para ese punto, una lluvia de pifias había mermado el inicio de su presentación en el Festival de Viña del Mar de 2011. La gente pedía el regreso del cantante Sting y el humorista no logró conectarse con “El Monstruo”.

 —Lo encontré injusto. Yo creo que la rutina era buena, pero no lo dejaron actuar. Al final nos pusimos a llorar y al otro día nos fuimos— cuenta Clara Luz. 

En los 18 minutos que estuvo en el escenario, el público pifió cada chiste del humorista. Meruane, con una peluca blanca en su cabeza, comenzó a reír nerviosamente y repetir lo mismo cada vez que la gente lo abucheaba: “Gracias chiquillos, no se molesten”.

Para el periodista y crítico de espectáculos Felipe Rodríguez la rutina que presentó esa vez Meruane no fue buena:

—Ofreció un show poco dinámico y repetitivo, eso se juntó con el nerviosismo propio de recibir pifias. Yo creo que, en general, él es un humorista que no se adaptó a los tiempos actuales.

Después de su presentación en 2011, Meruane fracasó en dos festivales más: en Dichato el 2012 y nuevamente en Viña el 2016.

Su última vez en la Quinta Vergara fue la más difícil. El humorista contactó a los organizadores del Festival de ese año para poder presentar su nueva rutina: quería su revancha frente a “El Monstruo” luego del éxito que generó su programa Gracias, no se molesten, en el canal Vía X.

Meruane trabajó junto a su mánager de ese entonces, Martín Rogers, y el libretista Pablo Erazo, quien creó un guion inicial para su nuevo camino a Viña. Sin embargo, Meruane tenía otros planes.

 — Ricardo suele agarrar ciertos temas y prefiere llevarlo a sus chistes de siempre. Martín le dijo que tenía que seguir el guion, pero yo lo entendía cuando decía que no: al final así se siente cómodo haciendo comedia — dice Erazo.

Luego de una larga gira por festivales comunales probando la rutina, Meruane llegó a Viña 2016 confiado en el nuevo guion nacido de su show llamado “Lucrania, el deber nos llama”.

La presentación comenzó bien. Los primeros 10 minutos hubo risas y aplausos para el humorista, pero el chiste sobre el Transantiago -una crítica hacia el sistema de transporte santiaguino de ese momento- inició la nueva debacle de Meruane.

—A estas alturas uno se pregunta, ¿al Transantiago lo cubre el AUGE? Ya es como una enfermedaddijo.

Al chiste lo siguieron casi 35 minutos de pifias sin parar. El humorista no se ajustó al guion y empezó a contar sus chistes más clásicos, esos que, creía, podían cambiar su suerte en el escenario. Pero aquello no ocurrió.

Meruane se retiró de la Quinta Vergara y dio una conferencia de prensa de apenas 40 segundos en donde agradeció a los organizadores del Festival por confiar en él. Unos días después, sufrió de estrés postraumático por lo que tuvieron que internarlo en un centro de sanación en el Cajón del Maipo.

Hoy reconoce que nunca ha visto completa su rutina del 2016.

Lo que sí ha tenido que ver incontables veces es un chiste en particular de esa presentación: el del nóctulo.

 —Yo tengo un nóctulo —contó Meruane—. Un nóctulo es un murciélago chico que vive en el desván de mi casa. No nos vemos nunca: ambos trabajamos de noche.

Ricardo Meruane nóctulo
Gráfica x Aline Campos

NOCTULOMANÍA

18 de marzo de 2020. Tomás Leiva, Alejandro Barros y el humorista Edo Caroe publicaron el tercer capítulo de la tercera temporada de su podcast Tomás va a morir, el más escuchado del país en ese entonces y actualmente. El nombre del capítulo que hoy suma más de un millón de reproducciones en Spotify es “Nóctulo”.

Los tres amigos realizaron un análisis humorístico de 11 minutos en torno al chiste de Meruane, el cual, dijeron, “está calificado como el peor de Viña 2016”. Entre risas, teorizaron que este podría ser “una especie de radiografía a la familia chilena metida en la hiperproducción” y que “la gente lo vapuleó (a Meruane) porque no entendieron de qué iba su rutina”.

Esa fue una de las primeras menciones públicas del chiste del nóctulo. Luego, el youtuber César Huispe -con más de 500 mil seguidores en la plataforma- comenzó a alabar la rutina de Meruane en Viña 2016, tildándola de incomprendida. 

De todas formas, ni el mayor admirador de Meruane podría haber presagiado que, cuatro años después de su aparición en Tomás va a morir , el chiste del nóctulo se viralizaría: desde mayo de 2024 hubo una oleada de videos, memes y más contenido en redes sociales basadas en este. Incluso, se crearon cuentas de Instagram dedicadas exclusivamente a publicar diariamente extractos de la rutina de Viña 2016 del humorista.

Eso desencadenó un resurgir mediático. Meruane fue invitado a programas como ¿Qué dice Chile? de Canal 13 , conversó con el diario Las Últimas Noticias sobre el viral, empezó a tallar “nóctulos” y agendó una gran cantidad de shows que promocionó a través de su Instagram, alcanzando más de 50 mil seguidores en su cuenta.

Según el humorista, buena parte de esa fama lo hizo conocido en un público más joven.

—Encuentro increíble todo lo que ocurrió con el nóctulo. Hace poco tuve una presentación en el Instituto Nacional con muchos jóvenes y fue algo estupendo. Creo que con esto mi humor ha trascendido— comenta. 

A pesar de aquello, los comentarios negativos en las redes sociales luego de su popularización llegaron pronto. Desde “te superaste, eres más fome que antes” hasta “este chiste será muy bueno en ocho años”.

Pero a Meruane eso no le importa.

 — ¿Hay algo peor que hablen mal de ti? Sí, que no hablen—dice.

EL REY DEL CHISTE A LARGO PLAZO

Meruane aparece en el escenario. Está vestido con un pantalón negro, una guayabera del mismo color con algunas manchas blancas y una polera en la cual está estampada su cara animada y arriba impresa la palabra “nóctulo”. 

El humorista intenta encender los ánimos del público en la Casa Comedia y, para eso, vuelve a las repercusiones de su fracaso en Viña 2016:

—Uno de los sobrenombres que más me gustó después de mi presentación fue “El Rey del Chiste a Largo Plazo”. Espero que esta rutina se entienda ahora y no en diez años más — dice Meruane entre risas. 

Junto a los shows como el que realiza hoy, El Rey del Chiste a Largo Plazo instauró en su Instagram los “martes de Meruane”: un directo semanal que realiza durante la noche donde relata anécdotas y promociona sus shows. Igualmente, publica videos breves contando chistes con su insignia: lo crónico. 

En uno de estos últimos bromea con el caso de Sergio Yáber, un conservador de bienes raíces presuntamente involucrado en un caso de cohecho y tráfico de influencias. La publicación tuvo más de dos mil “me gusta” en Instagram:

—¿Habría algún conflicto de interés si el conservador de Bienes Raíces de Puente Alto, Sergio Yáber, llegara al anexo penitenciario Capitán Yáber? —se pregunta Meruane en el video.

Sobre eso también bromea en su presentación en la Casa Comedia: de los delitos que han cometido políticos, la delincuencia en el país, la popular frase del expresidente Sebastián Piñera: “Delincuentes, se les acabó la fiesta” y también realiza su humor clásico, de chistes cortos y situaciones absurdas.

A lo largo del show, tres personas más entran a presenciar los 50 minutos de humor crónico del comediante. Y, para terminar, este envía un mensaje al público:

—Si les gustó recomiéndenselo a sus amigos, si no les gustó se quedan callados para que otros se ensarten—dice Meruane.

La gente comienza a retirarse del local. El comediante se va a descansar al pequeño backstage que hay al lado del escenario. En medio de retrasos y conversaciones entre el público y los humoristas ya pasaron las diez de la noche.

Antes de irse, Meruane habla para este perfil sobre su futuro y, sobre todo, conversa en torno a volver a presentarse en el Festival de Viña del Mar.

— Si está la posibilidad obviamente de que voy a ir. Siempre he dicho lo mismo. Al final esto no es como una profesión: es para siempre. El humor es una manera de mirar la vida—dice.

Ricardo Meruane se sube a su auto y se pierde de vista en las calles del centro de Santiago. Volverá a su casa en La Florida y, unos días después, repetirá todo de nuevo: el video promocionando una nueva presentación, el bar en algún rincón de la capital del país, el público reducido, el humor crónico.

Así es como vive, vivió y vivirá su vida: tomándosela con humor.