Seba Calfuqueo

La nueva era de Seba Calfuqueo:

"NO HAGO ARTE PARA QUE ME LO COMPREN"

Ha pasado por Buenos Aires, São Paulo, Ciudad de México, Madrid, Nueva York y Lisboa en lo que va de 2026, donde ha recibido premios por una obra marcada por su identidad trans y mapuche. Cuando le preguntan cómo es la recepción de esos trabajos que giran por el mundo, dice que no le interesa responder al coleccionismo local. En medio del éxito internacional, ha impulsado nuevos espacios para el arte en el país, pero señala que hay personas que se incomodan con su visibilidad: “He recibido mucho maltrato y violencia de mujeres en el arte”.

x Florencia Rioseco Retamal

-“¿Me agacho?”- pregunta Seba Calfuqueo (35), mientras es fotografiada bajo una pintura de Noah Bliázi, y se dedica a observar con atención las piezas que forman parte de un nuevo espacio dedicado al arte contemporáneo chileno en Providencia. 

Satélite es un showroom, pero también su taller de trabajo. Un día recibe a algunos de los coleccionistas más importantes de Santiago en la inauguración de una muestra de fotografías de Romina Pistolas y pinturas del puentealtino Fernando Peñaloza (Noah Bliázi); al siguiente, una mesa repleta de modelados en arcilla se reúnen en la intimidad absoluta: son esculturas de ranas y peces que este año formarán parte de su primera exposición individual en Europa. 

En octubre, el Museo Thyssen de Madrid presentará “Cautín”, un recorrido en el que la artista mapuche trans viaja por la historia del río, desde el volcán Lonquimay hasta el Océano Pacífico. Es un proyecto de largo aliento que inició conversaciones en 2024 y que ahora se inaugurará junto a una exposición temporal de Salvador Dalí.  

“Pocas personas trans e indígenas han llegado a ese lugar. Entonces, va a ser histórico no solo para mí, sino también para el sistema del arte chileno”, señala y adelanta que será una obra ambiciosa donde, a su ya conocida performance, se sumarán también pinturas, video y cerámica. Un despliegue material mucho más grande que sus exposiciones anteriores. Tan grande que luego de España, iniciará una itinerancia hasta 2029: pasará por Chile, Uruguay e incluso Nueva York, una ciudad que ocupa un lugar especial en este nuevo momento de su carrera. 

Seba Calfuqueo
Foto por Mila Belén (@mila.belen_).

“NY me ama y yo le amo tb”, publicó Seba en su Instagram el 18 de mayo, Día Internacional de los Museos, declarando un amor completamente correspondido: durante todo junio, mes del Orgullo LGTBIAQ+, su fotografía digital Kintrai 1, Nature Series ha formado parte de la campaña Pride in Community, recorriendo diversos paneles del transporte público de Nueva York, incluido el metro.

A comienzos de este año, también en la Gran Manzana, Seba Calfuqueo recibió el Premio Frieze New York 2026 por su participación en una de las ferias de arte contemporáneo más importantes del mundo, un galardón que reconoce al mejor espacio de exhibición dentro de la sección Focus Stand Prize.

 ¿Sientes que estás en la consolidación de tu carrera? 

La defino como una nueva era. Una nueva etapa de mi trabajo como artista, como curadora, como gestora también. Porque siento que hago esas tres cosas. Este año ha sido muy fuerte en lo profesional por todo el reconocimiento; también en lo comercial, en el espacio de feria, que es un espacio que me costó años conquistar. Mi trabajo partió muy institucional, o sea, mi camino es el de las bienales, el trabajo con los curadores, pero no lo comercial. Entonces, este año se ha consolidado esa parte, que son importantes en la carrera de un artista.

"QUIEN COLECCIONA TIENE EL PODER DE EJERCER CIERTOS RELATOS"

Fue el académico, artista visual y exdirector del Museo de Arte Contemporáneo Francisco Brugnoli (1935 – 2023) el primero que le dijo a Seba Calfuqueo “cómo mover su obra” en esos circuitos institucionales, mientras aún era su profesor en la Facultad de Artes de la Universidad de Chile. 

“Tuve mis primeras exposiciones en el museo porque él confió en mí y creía que era importante lo que yo estaba haciendo”, recuerda, justo después de terminar de lavar las tazas de café de unos clientes que acaban de adquirir un par de obras en el showroom de Satélite. “Vengo de una familia comerciante, entonces para mí estar parada vendiendo la obra de otro artista no me quita seriedad ni poder. No me quita ni el lugar ni la visibilidad que he ganado”, comenta. 

Su familia siempre se ha dedicado a las ferias en Pudahuel. Cuando llegó del sector poniente de Santiago a golpear las puertas del arte contemporáneo se enfrentó a un escenario adverso, muy diferente a lo que hoy intenta promover en Satélite:

“No tengo muchos artistas mayores que me hayan presentado un curador, ni que me hayan llevado a una galería, o que me dijeran cómo se hace esto”, sostiene.

Pero rescata a dos personas imprescindibles, que promovieron su inserción en el muchas veces exclusivo ecosistema del arte: el poeta, coleccionista y fundador de la librería Metales Pesados, Sergio Parra, y la galerista Patricia Ready. 

Una vez dentro, entendió rápidamente que al igual que ella, muchxs artistas en Chile necesitaban herramientas para conquistar circuitos y espacios artísticos formales, generalmente inalcanzables para quienes aterrizan en el arte viniendo de la periferia del país. Con esos principios, cofundó la Galería Espacio 218 junto a la artista visual Kira Piriz y la curadora Mariairis Flores. El showroom de Satélite surge como una extensión de ese proyecto, pero originalmente el colectivo desafió las normas convencionales y no se instaló en el sector oriente de la capital –donde se ubican la mayoría de las galerías de arte de Santiago– sino en el Portal Fernández Concha, frente a la Plaza de Armas. 

Seba Calfuqueo
Foto por Mila Belén (@mila.belen_).

“Es un edificio complejísimo para la historia de Chile”, señala. Y tiene razón: la cuna del completo fue allanada en 2023 por la PDI en búsqueda de redes de narcotráfico y trabajo sexual. “Nosotras éramos las únicas extraterrestres montadas en la Plaza de Armas. Evidentemente que es con un fin social de democratizar el arte, que más personas puedan ver arte contemporáneo justo arriba de los completos”, sostiene.

Y no solo ver arte: el objetivo de Espacio 218 es que más personas puedan comprar y coleccionar, una práctica, dice Seba, que no debería ser exclusiva de millonarios: “Cuando uno colecciona está tomando un momento de la historia. Y quien colecciona también tiene el poder de ejercer ciertos relatos”. 

A propósito de eso, ¿cómo ves la recepción de tu obra en el mundo del coleccionismo con temas como el feminismo, diversidades sexuales e identidad indígena? 

A mí nunca me ha interesado responder al coleccionismo, no es algo que me interese hacer. Yo no hago arte para que me lo compren. Eso se ha dado a través de la validación, de entrar a ciertos lugares.

¿Sientes que has sido polémica en tu trayectoria? 

Soy una persona que reacciona respecto a ciertas violencias que ya no quiero que me pasen. Violencia con mi género, con mi cuerpo, con ser mapuche. Sé que hay personas que les molesta profundamente el nivel de visibilidad que tengo, porque no correspondo a su lugar. En muchos momentos de mi carrera he tenido que poner muchos límites a cosas que han sido profundamente racistas y clasistas. He recibido mucho maltrato y violencia de mujeres en el arte, que para mí eso ha sido también bien fuerte; de mujeres curadoras que se las dan con todos esos discursos feministas y decoloniales, pero en sus prácticas sociales de vida son peores que los hombres. He sido vista como problemática, pero en la práctica, en mi ética y formas de trabajo soy muy clara. 

Seba Calfuqueo
Foto por Mila Belén (@mila.belen_).

¿Cuál es esa ética? 

La justicia. Creo que el mundo tiene que ser un espacio más justo. Es una palabra muy bella, requiere entender que no tiene que ver contigo, tiene que ver con algo más estructural, más grande que tiene que ser cambiado. Creo en la justicia y la democratización, que todas las personas puedan gozar del arte. Para mí es fundamental porque soy una persona que el arte salvó. 

¿De qué?

Estudié en un colegio de hombres donde todos los días me quería matar, mis pensamientos suicidas estaban todo el tiempo y mi única manera de salir y escapar de eso era dibujando en mi libreta. Cuando pude salir de eso, empezar a hacer arte y descubrir mi identidad fue un alivio para mi vida. El arte no es una pérdida de tiempo. Es todo lo contrario: es la posibilidad de armar un mundo, de crear otros mundos.  

Sentada frente una obra del colectivo Sarita Rodríguez que crítica el fast fashion, Seba Calfuqueo dice que vender obras como esas, nace de una convicción, incluso, una responsabilidad como curadora y gestora cultural, ahora que tiene la oportunidad de gozar de su éxito: “Es una herramienta y conciencia política usar esas redes no solamente a tu propio beneficio”, asegura. 

Después de 15 años dedicándose a este trabajo, sabe que el efecto del arte no es inmediato y que no se puede cuantificar en resultados exclusivos del mercado: “Se puede especular demasiado con el trabajo de un artista y reventar un número. Hay artistas que nunca exhibieron y que luego se inscriben en la historia del arte, que vivos nunca vieron un peso y luego su obra vale millones de dólares”.

Son el tipo de lecciones que ha aprendido después de abrirse paso en algunos de los museos más importantes del mundo, como el Centre Pompidou de París, el Tate Modern de Londres o el Museo de Arte Latinoamericano MALBA de Buenos Aires. “Estoy más vieja y menos enojada”, dice. Sin embargo, la diferencia más importante de esta nueva era está en otra parte: ya no necesita repartir su tiempo en 10 trabajos distintos como hacía antes y como lo hacen miles de sus colegas en Chile. En 2026, Seba Calfuqueo afirma que se sostiene económicamente gracias a su arte.

Seba Calfuqueo
Foto por Mila Belén (@mila.belen_).